Los tiempos de la sed

Luego de sobrevivir a los espejismos del desierto del Sahara la sed, el frío y el hambre dejan de ser meras necesidades fisiológicas. La satisfacción postergada a ritmo de tortura a contrarreloj nos adiestra en el arte de sobrellevar las carencias alimentando con visiones ilusorias nuestras ganas de permanecer con vida. La tormenta de arena es seca. Los deseos se materializan el horizonte inalcanzable. Así la crueldad del desierto está en la demora y la multiplicación de los pasos que nos separan del fin.


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Expósito (recién nacido)

El futuro de los huérfanos está escrito. Quien pierde a sus padres de forma precoz e irreversible intuye como única certeza las desventuras de su incierto futuro. Sus intuiciones hechas hilachas se anteponen cual cortinas ante las evidencias de sus peores miedos. La soledad poblada de miseria y su condición de inadaptado son su morada y futura promesa. Las ilusiones abovedadas permanecerán, igual que sus esperanzas, confinadas en una caja fuerte sin cerradura. A su vez, su identidad descansa en paz, asfixiada bajo el cobijo del olvido de su propio nombre.  Al descubrirse recompensado en sus áridas expectativas, su decepción atesorada sin resentimientos, justifica una vida en la periferia de la existencia hasta fructificar como recompensa nutricia en forma de desdicha postergada lentamente.
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